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"...Cuando me preguntan si soy agricultor,siempre contesto que soy un hombre que no solo cultivo, sino también observo, me preocupo e intento dar armonía a mi entorno y que todo ello, me lleva con mi esfuerzo creativo a sacar frutos de mi huerta, sin mermar la fertilidad de la tierra y de proporcionar productos que contribuyen a la salud de los demás, sin contaminar la tierra, el agua, el aire que nos son esenciales, modelando la belleza del paisaje, alimentando el cuerpo y el espíritu. Sí, agricultor soy... De ahí nace Bobalén ecológico".

jueves, 12 de mayo de 2016


                                        EL HUERTO ESCOLAR
 
 En los centros escolares, los huertos tienen ya historia. En los años 1970-80 existían diferentes experiencias de huertos escolares, preocupadas mayoritariamente por la pérdida de contacto del alumnado con la producción de alimentos. Yo aún recuerdo a mi maestro, D. Jesús, en el patio del colegio, donde en pequeñas parcelas realizábamos nuestros primeros huertos... Se planteaban como proyectos de conexión con el mundo rural, que se iba reduciendo drásticamente, y con los ciclos biológicos de las plantas.




De hecho, un huerto dentro de un centro escolar es un ambiente privilegiado para trabajar con procesos ecológicos, fuertemente intervenido por las actuaciones de los grupos, escenario de relaciones ecológicas múltiples, sobretodo si se introducen las asociaciones entre plantas y otros planteamientos de la agricultura ecológica. El huerto escolar es una puerta privilegiada para que entre la ecología en la escuela y de alguna manera en nuestras casas.

   Permite observar por parte de nuestros niños, el desarrollo de los ciclos naturales, pero también experimentar con diversas posibilidades. Ello se debe aprovechar para plantearse cómo planificar, cómo tomar decisiones sobre lo que se hará, cómo compartir lo que se aprende, expresar lo que se espera y organizar los pasos a seguir. Es decir, permite entrar de lleno en el terreno de la comunicación, el lenguaje y el trabajo cooperativo. El arte, el apoyo informático, el relato o el lenguaje científico pueden desarrollarse a través del proyecto del huerto. Además, es el escenario perfecto para una tecnología artesanal significativa, para introducir el trabajo manual en una educación demasiadas veces teórica, son lecciones vivas, que jamás los niños olvidarán.

   El fruto del trabajo en el huerto nos conduce hacia fuera de su espacio. Hacia la cocina, como alimento para compartir en el comedor, puede ser el vehículo para trabajar la salud. Hacia las familias del centro educativo, fomenta los vínculos de la comunidad escolar; como por ejemplo con la organización de turnos de trabajo semanales para el mantenimiento del huerto en verano. 
Y tantos caminos hay hacia fuera como hacia el huerto.
Además de la ecología y la tecnología, con estos flujos de entrada y salida, el huerto escolar ecológico permite conexiones sociales. Las semillas pueden llegar con historias de esfuerzos colectivos de recuperación, en una coyuntura de pérdida de biodiversidad cultivada. Se establece así el compromiso de un grupo o un centro con estas luchas. También llegan cursos de técnicas ecológicas abiertos al municipio, colectivos que realizan prácticas de jardinería, planes de ocupación laboral, visitas de otros grupos que tienen su propia experiencia o alumnado de secundaria que ha estudiado las leyendas locales agrícolas, la manera de utilizar plantas aromáticas o de guardar semillas, y se disponen a hacer formación para los cursos de primaria o educación infantil.

   El huerto escolar ecológico es un proyecto que puede desarrollar la educación infantil, con huertos de mesa o en el suelo, todos los cursos de la primaria o de secundaria, incluyendo por ejemplo los trabajos de investigación de bachillerato. Además acogen muy bien a estudiantes en prácticas, sean de módulos profesionales o cursos universitarios, relacionados habitualmente con la didáctica o con las ciencias ambientales. De manera que permite planteamientos a largo plazo.
Para ello, la coordinación y el trabajo en red del profesorado es imprescindible. Ello incluye formación, incorporación total o parcial de educadores/as agroambientales, organización interna en comisiones de trabajo, colaboración entre instituciones o diálogo con el sector campesino. De manera que todo debe reordenarse, incluyendo diversas relaciones laborales.
Esta complejidad de situaciones es la que llamamos agroecología escolar, la agroecología que hacen los centros escolares. Su objetivo es educativo más que productivo, y su importancia es evidente. Creo que hay que apoyar a la escuela en este esfuerzo, que se reconozcan como nuevas fincas agroecológicas; diferentes, pero imprescindibles. JOSE MARÍA.


OS INVITO AL PRÓXIMO MERCADILLO :

SABADO DIA 14 DE MAYO, PASEO REDING MALAGA 

DOMINGO DIA 15 DE ENERO: EN ARROYO DE LA MIEL
                   

 RECINTO FERIAL, AVENIDA DE ROCIO JURADO
         JUNTO SELWO MARINA DELFINARIUM





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